10 septiembre 2011

Salvador de Bahía

Hoy hemos madrugado un poquito. Entre el calor, la humedad y el ruido de los coches, no había forma de seguir durmiendo.
Hemos compartido habitación con 2 brasileñas y un chico que desapareció a las 6 de la mañana con el que no hemos cruzado palabra. Las brasileñas han podido dormir a pesar de mis ronquidos, según Nacho, moderados hasta la mañana. El hostal (Cobreu) está muy bien, muy céntrico, con dos PCs y Wifi. Desayuno delicioso, por 28 reales la noche, que vienen a ser unos 12,5 Euros por persona
Después de tomarnos nuestros cinco vasos de zumo hemos salido a hacer la compra, un candado para el armario en el hostal y los cepillos de dientes, que nos dejamos en Madrid, y es que estaba claro que nos olvidábamos de algunas cosillas.
Hemos estado paseando por el casco antiguo. Es una cucada. Callejuela para arriba, para abajo, escaleras, iglesias... de los museos hemos pasado un poco, que somos más de campo, y uno se empapa más de la cultura en la escuela, que es la calle.
Salvador de Bahía es enorme.
Luego hemos cogido el ascensor que une la ciudad alta con la parte del puerto y las oficinas. Allí abajo está el "Comercio" un mercadillo muy turístico que hemos visto a toda velocidad, los puestos se repetían continuamente, camisetas, pinturas, artesanía y algún puesto con comida.
Estuvimos una media hora para coger un autobús, cuantas lineas de autobús creéis que hay?, y empresas? Pues un sinfín! A base de preguntar a todos los buses, si nos llevaban a Riberia, lo conseguimos y llegamos a la iglesia de Bofim que da nombre a un cabo y alli empezamos a andar. Nos perdimos un buen rato para llegar a la punta del cabo, mas callejuelas una zona con muchos chalets y no había manera de bajar a la playa hasta la punta.
Con calor y sed llegamos a la punta. Pasamos por un barrio pesquero con gallinas por las calles, periquitos enjaulados, perros callejeros. Para el que le interese, es tirando siempre hacia la playa desde la iglesia, mejor que cualquier museo. En fin, entre casitas de pescadores, gallinas y el mar, llegamos al fuerte São Felipe, esto se ve en 3 minutos. Más que el fuerte en sí, lo que mas vale la pena son las vistas.
Las distancias en este país no son normales ni en las ciudades, dónde pone 6 kilómetros, un autobús, que no hace más que acelerar y echar al resto de coches de la carretera, tarda en recorrer ese camino más de media hora!!! Y sinceramente, no nos dio la impresion de dar muchas vueltas.
Llegamos sudando a una playa y como recompensa nos compramos leche de coco. El tio abre el coco a machetazos, le pone una pajita y a tirar. Extraño es que no anden todos mancos. Aquí son listos, y como le apetecía sacarse un real más, nos puso un coco más y nos largó.
La leche de coco fresquita y deliciosa, pero tres cocos para dos son demasiado.
Disfrutamos un ratito de la playa, pero al rato destrozados de andar, no veáis si cansa, decidimos meternos y buscar un autobús, y encontramos lo que queriamos, una parada y un bar al lado :P cervezas y ajedrez, así empezamos con el ajedrez y aún no hemos terminado...
Un par de rondas después, decidimos coger el autobus y visitar la parte sur, Rio Vermelho. Una hora de autobus!! y encima con tráfico el conductor mosqueado y a toda leche... no hace falta ir al masajista, las contracturas te las quita el asiento del autobús a golpes, ya veis, algo de dinerillo ahorrado.
A mitad de camino decidimos irnos a otro lugar en otra dirección y bajamos del bus. Otra vez la misma historia, montones de autobuses y nosotros dos perdidos buscando el bus en dirección a Barra, el cabo más al sur de Bahía. Otro autobús y otra media hora... la ciudad un caos con los coches y mucha gente, los coches no respetan nada y todo el rato pitando, al no estar nosotros al volante, la verdad, que lo disfrutamos.
Playas preciosas y otro fuerte justo con la puesta de sol, mejor no se podía haber planeado. Las vistas nos abrieron el apetito y nos metimos en el primer local que vimos a comer unas hamburguesas y unos perritos calientes, como veis, comida típica, hehehe, eso sí, unos zumos que cada vez están más dulces...
Antes de volver al hostal compramos champú. En el hostal la cosas muy tranquilas, las españolas estaban reventadas del día de playa y los suizos al final no se animaron a salir.
Acompañamos a un valenciano al bus dirección aeropuerto y nos quedamos en el barrio debajo de casa a tomar unas cervezas.
En el próximo capítulo la noche en el barrio antiguo, historias de como el ajedrez une culturas y en cuestión de segundos...
Disculpad las faltas de ortografía, pero escribir desde el móvil no es tan sencillo y acaba cansando.




4 comentarios:

  1. ESto si que ya va teniendo más pinta de crónica de un viaje! muy bien chicos, que ganas de estar ahí con vosotros ;) a seguir pasandolo bien y descubriendo las maravillas del otro lado del charco! Eso sí, me habéis dejado con muchas ganas de conocer la historia esa del ajedrez...
    besossssssssss
    Carla

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  2. jaja, claro que sí, dejando cebo para que nos mantengamos enganchados a la historia, a la espera de un nuevo capítulo!!
    MUAAAAAA

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  3. este vídeo me ha recordado a vosotros, escuchad la canción del final:
    http://www.youtube.com/watch?v=0zemo8bt2pQ

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  4. Venga, id contando historias que ya me he puesto al día.

    Saludos primo!!!

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