Ya nos hemos marchado de la península de Maraú y hemos dejado atrás a David&Amaya's family en su paraíso, eso sí, nos hemos llevado parte de él en gratos recuerdos y envidia sana. Aunque no tuvimos el mejor tiempo, es una pasada el lugar donde viven, si nos encantó con lluvia y viento, imaginaros sin el...
Llegamos reventados del viaje de 24 horas en autobús, y no apetece mucho repetir, son cómodos, pero no para tantas horas. Para no aparecer solo con ropa sucia, compramos en Camamu una botella de cachaza con denominación de origen del valle de Capao, limas y azúcar. Como ya os hemos contado, nada más bajar del bus nos apretamos las hamburguesas esperando a David para llevarnos a su casa cerca de Algodoes.
Una vez dejados todos los bártulos y conocido a todos los miembros de la familia, pasamos a una parte muy importante de la culura brasileña:
Cómo se hace la caipiriña?
Somos más de roncola, así que ni idea... En fin, David nos dio un curso rápido:
Cogéis una lima, y le quitáis la parte de delante y la de detrás, acto seguido la cortáis en ocho cachos y le quitáis el blanco de en medio, que sino le da un sabor muy amargo. Tiráis los 8 cachos en el mortero y le echáis 3 cucharadas pequeñas de azúcar. Ahora podéis ser algo creativos y echarle hojas de menta, jengibre, etc... o bien nada y machacáis la lima con el azúcar para sacarle todo el zumo. Ahora pilláis la coctelera y rompéis 3-4 hielos con el palo del mortero y los echáis en la coctelera con el zumo de lima y los cachos machacados. Ahora es el momento clave, abrís la botella de cachaza y empezáis a echarle a la coctelera contando hasta diez (si la botella no tiene dosificador, aseguraros de que el chorrito no sea enorme), le ponéis la tapa a la coctelera, agitáis un poquito y ya está! Fácil, rápido y delicioso, pero bebedla con pajilla, porque el azúcar y el zumo de lima suelen quedarse más en el fondo y sin pajilla está un poco fuerte.
Ahora que sabéis la receta secreta, nos veremos obligados a mataros...
En fin, sabiendo la receta; con el congelador lleno de hielos, suficientes limas (hicimos alguna con maracuyá, kiwi y otra cosa) y sed; la botella tenía todas las de perder y perdió. Nos acostamos contentos y seguramente soñamos con algo chulo: volar, con la novia, brasileñas, quién sabe, de esas mañanas que te despiertas con una sensación de felicidad, y un poco de dolor de cabeza por la cachaza.
Al día siguiente, nos tuvo que despertar David, porque Chris no sabe utilizar el teléfono y puso el despertador a la hora correcta, pero el día equivocado de la semana. Habíamos quedado para partir a las 9 y a las 9.15 tocó a la puerta. A pesar de ir con retraso nos pusieron un desayuno de lujo, perecía que estábamos en el "Ritz", huevos, queso, jamón, fruta infinita, un zumo estupendo y lo mejor, una tarta de chocolate con cobertura de más chocolate, que no sé que tenía, pero me encantó, David se apuntó a su segundo desayuno, y nos fuimos. Aprovechamos que David tenía una reunión, porque quieren montar una escuela “Waldschule” en Algodoes, para ver un poco la zona. Al parecer, los chavales sólo tienen 2h de clase al día, y ha llegado el momento de mejorar las infraestructuras y qué mejor que empezar por la educación. Así que allí andan, organizando eso. A ver si David nos pasa algún número de cuenta para que podáis apoyar el proyecto.
La península de Maraú está llena de agua, tiene muchas lagunas de agua dulce y algunas de ellas a menos de 100 metros de la playa, también tiene varios ríos que vienen bien para después del chapuzón en la playa y quitarte la sal de encima.
En esta península no hay carreteras asfaltadas, hay una ley que prohíbe asfaltar la península (http://www.barragrande.org ). Una vez al año arreglan las “carreteras” que según llega la época de lluvias quedan en parte casi intransitables, el autobús hay ocasiones que ni pasa.
Gracias a esta mala infraestructura Maraú es un lugar poco explotado y especial.
De camino a su reunión, David nos dejó junto a la laguna Cassange, que queda junto a la actual escuela. Nos consiguió una piragua con el fondo transparente de PVC y se fue a su reunión.
Metimos la piragua en el agua, pero a través del ventanal del fondo de la piragua no se veía absolutamente nada. Se había pasado la noche lloviendo y con el viento estaba toda la laguna enturbiada. Dejamos las camisetas y la mochila en la orilla, que con lo cafres que somos la probabilidad de volcar no era pequeña, y nos pusimos a remar. Al dejar la orilla, aún hacia sol, pero según nos íbamos alejando se oscurecía el cielo cada vez más. Al final no volcamos, pero entre nuestra remada y el chaparrón que cayó, hicimos bien dejando todo a cubierto en la orilla. Quién tenga bajo el hierro, que se pase por aquí y le de unos tragos al agua, aquí como en la chapada Diamantina es roja.
Un poco de lluvia no nos iba a echar para atrás, así que seguimos e hicimos una pausa en una isla casi al otro lado de la laguna. De forma milagrosa los Hollywood seguían secos, al igual que las cerillas y una esquina del raspador de la caja. Maltratamos un poco los pulmones y volvimos bajo el calabobos al punto de partida, donde dejamos la piragua para darnos un chapuzón, que como siempre acabó en ajedrez. Regresamos a casa después de pasear por la playa. Cenita deliciosa, y unas caipiriñas con Toystory de fondo, pasamos de irnos "hasta el infinito y más allá", y nos metimos en la cama. Para hoy nos habían preparado otro alojamiento con camas separadas, al fin una noche sin calor corporal ajeno...
Esa noche no nos cargamos ninguna mosquitera, como en la anterior, pero Chris debió dormir con un invitado especial, porque amaneció con el brazo y la frente llenas de mini picaduras. Nunca sabremos si fue un ejercito de bichitos, uno muy cabrón, o simplemente una alergia a algo.
Después partimos con las dos bicis que nos prestaron dirección norte. Lo ideal es ir por la playa, cuando la marea esta baja, pero no somos tíos con suerte, así que después de hundirnos un ratito por la arena, tuvimos que volver a la pista de los baches. La idea era pillar el barco que hace una ruta por la bahía. Teníamos 1,5h para hacer los 25km que nos separaban de Barragrande. Al llegar a la pista con los primeros baches, nos dimos cuenta, de que yendo sobre las llantas no llegaríamos jamás a tiempo, en cada bache haciendo malabarismo, para no reventar ninguna rueda. Al poco llegamos al primer pueblo, donde empezamos a buscar una bomba de hinchar. El taller de coches estaba cerrado, y según nos contaron, el que lo lleva salió de fiesta el día anterior, así que descartamos el taller y seguimos buscando... La suerte nos sonrió un momento, y en el bar del médico conseguimos dejar las ruedas en perfecto estado. Pero cuando nos dispusimos a pedalear, nos volvió a abandonar la suerte y preferimos tomarnos un guaraná mejor que mojarnos.
Cuando amainó un poco nos pusimos otra vez en marcha, que cambio.... Iban solas las bicis y el esquivar baches y buscar la línea ideal se hizo entretenido. Casi en Barragrande se puso otra vez a diluviar y decidimos resguardarnos en una casa en construcción, con unos Hollywood y el ya famoso ajedrez (tendremos que subir una foto de este). Chris sacó una de las súper mantas, que nos patrocinó Air Europa, para resguardarse del frío, construimos unas sillas y una mesa con el material que conseguimos de las obras. Nos dieron las 9 allí, así que el barco lo perdimos. Antes de abandonar nuestro refugio donamos esa manta de Air Europa al constructor de forma involuntaria y seguimos rodando hasta Barragrande.
Después de reconocer un poco el pueblo, nos dimos una vuelta por la playa, es una gozada rodar sobre la arena con la marea baja, al fin llego el momento de catar la playa y el atlántico, tiramos las vicis y salimos corriendo hacia el agua, que gozada!!! Playa aguas cristalinas y palmeras, como en las postales, bueno no tanto el agua estaba estaba turbia. El barro que se nos pego al cuerpo durante el viaje en bici no salia ni a tiros, asi que lo dejamos en su sitio, un poco más. Tras el chapuzón nos fuimos a la primera terraza playera a tomarnos unas Skol. […] El pueblo estaba muerto, cuatro turistas y un argentino, más no había. Nos comimos 2 hamburguesas y nos dispusimos a buscar un alojamiento bueno y barato, misión cumplida, Sabia's Hostel nos dio la solución, por supuesto tuvimos que prescindir de exigencias, como de la primera “B” de bueno y barato. Es broma, el hostal está de pm. Al ver que la vida nocturna no iba a ser muy animada, nos hicimos con un alijo de vino de la zona (muy malo pero dulce) y una botella de cocacola, que nos acompaño en la ardua tarea de soportarnos el uno, y como no somos grandes conversadores, nos pusimos a jugar al ajedrez, viendo el anochecer en la playa.
Desayunamos tarde y mal (no estaba el desayuno incluido), sándwiches de jamón y queso, famosos en el mundo entero, siempre triunfan. Volvimos a perder el barco “fantasma” de las nueve (no nos creemos que exista!!!), y tiramos para un cibercafé, si os pasáis, la contraseña es “tigrefloresta” ;)
Al final nos convenció un chaval, para dar una vuelta en barco con otra pareja brasileña (estos si eran heterosexuales) y vimos las islas de la bahía. Nos hicimos las fotos pertinentes con corazones y recogimos corales preciosos. Por supuesto nos cayó otro diluvio en barco. Nos apostamos que Chris no podría cruzar unas “aguas movedizas” que resultaron ser arena, casi cemento. Chris ganó la apuesta. El premio como no, fue una partida de ajedrez. El muelle nos pareció un sitio lo suficientemente romántico. A las palabras de “Es posible que se caiga alguna ficha...” ocurrió: Nuestro alfil estaba flotando indefenso en la linea de la reina protegiendo al rey, en casi alta mar a la deriva. Un remo no nos sirvió, y Chris se tiro de cabeza desde el barco para rescatar a la figura clave de la partida., el agua no cubría ni 50 cm, es un milagro que sigamos dos de viaje, se podría haber quedado clavado en el fango para el resto de sus días.
La marea volvía a estar alta y el viento en contra, condiciones idóneas para regresar. Hubiera molado volver por la playa...
Por la famosa pista de los baches avanzábamos como tortugas “Monsterlis”, teníamos la sensación de haber avanzado unos 80-100km y 4 horas, cuando a Nacho se le ocurrió la brillante idea de hacer autostop, Chris después de la experiencia para ir a Capao sonreía: “imposible!!”.
2 minutos más tarde estábamos tirados en la parte de carga de un camión con las bicis pegando brincos. Tardamos otros 30 minutos hasta casa de David&Amaya, más felices que un regaliz de no habernos pasado otras “4” horas y “100km” en bici.
Esa noche cambiamos las cahipis por unas cervezitas de moda y nos acostamos pronto para salir a las 7 en dirección al siguiente destino del viaje, aprovechando que nuestros anfitriones iban a un pueblo con carretera asfaltada.
Después de comprar los billetes de autobús y unas bisagras, quedamos otra vez con Amaya para comer típico brasileño. Pasamos también por un mercadillo en el que Chris se compró unas guindillas picantes para hacer la pimienta (salsa picante), a la que es adicto desde que pasó por casa de David y Amaya. Bus y a “dormir”.
A las 23 horas nos despertamos en Itamaraju, con las fuerzas justas para encontrar un hostal. Una mujer que vendía tazas y casi nos encasqueta una, despertó al hombre encargado de un hostal. Nos quedamos alli encerrados, porque el hombre cerro la puerta de la entrada, y no nos pareció bien despertarle, para salir y para entrar.
Fuimos a Itamaraju para dividir el viaje a Rio en dos partes, y dejarnos la opción de ir a ver las ballenas en el parque natural de Abrolhos, lo segundo nos dio un poco de pereza, ya que esperamos ver ballenas en la península de Valdés. Pasamos el día en Itamaraju haciendo turismo y nos metimos por la tarde en el bus dirección a Rio de Janeiro.














Llegamos reventados del viaje de 24 horas en autobús, y no apetece mucho repetir, son cómodos, pero no para tantas horas. Para no aparecer solo con ropa sucia, compramos en Camamu una botella de cachaza con denominación de origen del valle de Capao, limas y azúcar. Como ya os hemos contado, nada más bajar del bus nos apretamos las hamburguesas esperando a David para llevarnos a su casa cerca de Algodoes.
Una vez dejados todos los bártulos y conocido a todos los miembros de la familia, pasamos a una parte muy importante de la culura brasileña:
Cómo se hace la caipiriña?
Somos más de roncola, así que ni idea... En fin, David nos dio un curso rápido:
Cogéis una lima, y le quitáis la parte de delante y la de detrás, acto seguido la cortáis en ocho cachos y le quitáis el blanco de en medio, que sino le da un sabor muy amargo. Tiráis los 8 cachos en el mortero y le echáis 3 cucharadas pequeñas de azúcar. Ahora podéis ser algo creativos y echarle hojas de menta, jengibre, etc... o bien nada y machacáis la lima con el azúcar para sacarle todo el zumo. Ahora pilláis la coctelera y rompéis 3-4 hielos con el palo del mortero y los echáis en la coctelera con el zumo de lima y los cachos machacados. Ahora es el momento clave, abrís la botella de cachaza y empezáis a echarle a la coctelera contando hasta diez (si la botella no tiene dosificador, aseguraros de que el chorrito no sea enorme), le ponéis la tapa a la coctelera, agitáis un poquito y ya está! Fácil, rápido y delicioso, pero bebedla con pajilla, porque el azúcar y el zumo de lima suelen quedarse más en el fondo y sin pajilla está un poco fuerte.
Ahora que sabéis la receta secreta, nos veremos obligados a mataros...
En fin, sabiendo la receta; con el congelador lleno de hielos, suficientes limas (hicimos alguna con maracuyá, kiwi y otra cosa) y sed; la botella tenía todas las de perder y perdió. Nos acostamos contentos y seguramente soñamos con algo chulo: volar, con la novia, brasileñas, quién sabe, de esas mañanas que te despiertas con una sensación de felicidad, y un poco de dolor de cabeza por la cachaza.
Al día siguiente, nos tuvo que despertar David, porque Chris no sabe utilizar el teléfono y puso el despertador a la hora correcta, pero el día equivocado de la semana. Habíamos quedado para partir a las 9 y a las 9.15 tocó a la puerta. A pesar de ir con retraso nos pusieron un desayuno de lujo, perecía que estábamos en el "Ritz", huevos, queso, jamón, fruta infinita, un zumo estupendo y lo mejor, una tarta de chocolate con cobertura de más chocolate, que no sé que tenía, pero me encantó, David se apuntó a su segundo desayuno, y nos fuimos. Aprovechamos que David tenía una reunión, porque quieren montar una escuela “Waldschule” en Algodoes, para ver un poco la zona. Al parecer, los chavales sólo tienen 2h de clase al día, y ha llegado el momento de mejorar las infraestructuras y qué mejor que empezar por la educación. Así que allí andan, organizando eso. A ver si David nos pasa algún número de cuenta para que podáis apoyar el proyecto.
La península de Maraú está llena de agua, tiene muchas lagunas de agua dulce y algunas de ellas a menos de 100 metros de la playa, también tiene varios ríos que vienen bien para después del chapuzón en la playa y quitarte la sal de encima.
En esta península no hay carreteras asfaltadas, hay una ley que prohíbe asfaltar la península (http://www.barragrande.org ). Una vez al año arreglan las “carreteras” que según llega la época de lluvias quedan en parte casi intransitables, el autobús hay ocasiones que ni pasa.
Gracias a esta mala infraestructura Maraú es un lugar poco explotado y especial.
De camino a su reunión, David nos dejó junto a la laguna Cassange, que queda junto a la actual escuela. Nos consiguió una piragua con el fondo transparente de PVC y se fue a su reunión.
Metimos la piragua en el agua, pero a través del ventanal del fondo de la piragua no se veía absolutamente nada. Se había pasado la noche lloviendo y con el viento estaba toda la laguna enturbiada. Dejamos las camisetas y la mochila en la orilla, que con lo cafres que somos la probabilidad de volcar no era pequeña, y nos pusimos a remar. Al dejar la orilla, aún hacia sol, pero según nos íbamos alejando se oscurecía el cielo cada vez más. Al final no volcamos, pero entre nuestra remada y el chaparrón que cayó, hicimos bien dejando todo a cubierto en la orilla. Quién tenga bajo el hierro, que se pase por aquí y le de unos tragos al agua, aquí como en la chapada Diamantina es roja.
Un poco de lluvia no nos iba a echar para atrás, así que seguimos e hicimos una pausa en una isla casi al otro lado de la laguna. De forma milagrosa los Hollywood seguían secos, al igual que las cerillas y una esquina del raspador de la caja. Maltratamos un poco los pulmones y volvimos bajo el calabobos al punto de partida, donde dejamos la piragua para darnos un chapuzón, que como siempre acabó en ajedrez. Regresamos a casa después de pasear por la playa. Cenita deliciosa, y unas caipiriñas con Toystory de fondo, pasamos de irnos "hasta el infinito y más allá", y nos metimos en la cama. Para hoy nos habían preparado otro alojamiento con camas separadas, al fin una noche sin calor corporal ajeno...
Esa noche no nos cargamos ninguna mosquitera, como en la anterior, pero Chris debió dormir con un invitado especial, porque amaneció con el brazo y la frente llenas de mini picaduras. Nunca sabremos si fue un ejercito de bichitos, uno muy cabrón, o simplemente una alergia a algo.
Después partimos con las dos bicis que nos prestaron dirección norte. Lo ideal es ir por la playa, cuando la marea esta baja, pero no somos tíos con suerte, así que después de hundirnos un ratito por la arena, tuvimos que volver a la pista de los baches. La idea era pillar el barco que hace una ruta por la bahía. Teníamos 1,5h para hacer los 25km que nos separaban de Barragrande. Al llegar a la pista con los primeros baches, nos dimos cuenta, de que yendo sobre las llantas no llegaríamos jamás a tiempo, en cada bache haciendo malabarismo, para no reventar ninguna rueda. Al poco llegamos al primer pueblo, donde empezamos a buscar una bomba de hinchar. El taller de coches estaba cerrado, y según nos contaron, el que lo lleva salió de fiesta el día anterior, así que descartamos el taller y seguimos buscando... La suerte nos sonrió un momento, y en el bar del médico conseguimos dejar las ruedas en perfecto estado. Pero cuando nos dispusimos a pedalear, nos volvió a abandonar la suerte y preferimos tomarnos un guaraná mejor que mojarnos.
Cuando amainó un poco nos pusimos otra vez en marcha, que cambio.... Iban solas las bicis y el esquivar baches y buscar la línea ideal se hizo entretenido. Casi en Barragrande se puso otra vez a diluviar y decidimos resguardarnos en una casa en construcción, con unos Hollywood y el ya famoso ajedrez (tendremos que subir una foto de este). Chris sacó una de las súper mantas, que nos patrocinó Air Europa, para resguardarse del frío, construimos unas sillas y una mesa con el material que conseguimos de las obras. Nos dieron las 9 allí, así que el barco lo perdimos. Antes de abandonar nuestro refugio donamos esa manta de Air Europa al constructor de forma involuntaria y seguimos rodando hasta Barragrande.
Después de reconocer un poco el pueblo, nos dimos una vuelta por la playa, es una gozada rodar sobre la arena con la marea baja, al fin llego el momento de catar la playa y el atlántico, tiramos las vicis y salimos corriendo hacia el agua, que gozada!!! Playa aguas cristalinas y palmeras, como en las postales, bueno no tanto el agua estaba estaba turbia. El barro que se nos pego al cuerpo durante el viaje en bici no salia ni a tiros, asi que lo dejamos en su sitio, un poco más. Tras el chapuzón nos fuimos a la primera terraza playera a tomarnos unas Skol. […] El pueblo estaba muerto, cuatro turistas y un argentino, más no había. Nos comimos 2 hamburguesas y nos dispusimos a buscar un alojamiento bueno y barato, misión cumplida, Sabia's Hostel nos dio la solución, por supuesto tuvimos que prescindir de exigencias, como de la primera “B” de bueno y barato. Es broma, el hostal está de pm. Al ver que la vida nocturna no iba a ser muy animada, nos hicimos con un alijo de vino de la zona (muy malo pero dulce) y una botella de cocacola, que nos acompaño en la ardua tarea de soportarnos el uno, y como no somos grandes conversadores, nos pusimos a jugar al ajedrez, viendo el anochecer en la playa.
Desayunamos tarde y mal (no estaba el desayuno incluido), sándwiches de jamón y queso, famosos en el mundo entero, siempre triunfan. Volvimos a perder el barco “fantasma” de las nueve (no nos creemos que exista!!!), y tiramos para un cibercafé, si os pasáis, la contraseña es “tigrefloresta” ;)
Al final nos convenció un chaval, para dar una vuelta en barco con otra pareja brasileña (estos si eran heterosexuales) y vimos las islas de la bahía. Nos hicimos las fotos pertinentes con corazones y recogimos corales preciosos. Por supuesto nos cayó otro diluvio en barco. Nos apostamos que Chris no podría cruzar unas “aguas movedizas” que resultaron ser arena, casi cemento. Chris ganó la apuesta. El premio como no, fue una partida de ajedrez. El muelle nos pareció un sitio lo suficientemente romántico. A las palabras de “Es posible que se caiga alguna ficha...” ocurrió: Nuestro alfil estaba flotando indefenso en la linea de la reina protegiendo al rey, en casi alta mar a la deriva. Un remo no nos sirvió, y Chris se tiro de cabeza desde el barco para rescatar a la figura clave de la partida., el agua no cubría ni 50 cm, es un milagro que sigamos dos de viaje, se podría haber quedado clavado en el fango para el resto de sus días.
La marea volvía a estar alta y el viento en contra, condiciones idóneas para regresar. Hubiera molado volver por la playa...
Por la famosa pista de los baches avanzábamos como tortugas “Monsterlis”, teníamos la sensación de haber avanzado unos 80-100km y 4 horas, cuando a Nacho se le ocurrió la brillante idea de hacer autostop, Chris después de la experiencia para ir a Capao sonreía: “imposible!!”.
2 minutos más tarde estábamos tirados en la parte de carga de un camión con las bicis pegando brincos. Tardamos otros 30 minutos hasta casa de David&Amaya, más felices que un regaliz de no habernos pasado otras “4” horas y “100km” en bici.
Esa noche cambiamos las cahipis por unas cervezitas de moda y nos acostamos pronto para salir a las 7 en dirección al siguiente destino del viaje, aprovechando que nuestros anfitriones iban a un pueblo con carretera asfaltada.
Después de comprar los billetes de autobús y unas bisagras, quedamos otra vez con Amaya para comer típico brasileño. Pasamos también por un mercadillo en el que Chris se compró unas guindillas picantes para hacer la pimienta (salsa picante), a la que es adicto desde que pasó por casa de David y Amaya. Bus y a “dormir”.
A las 23 horas nos despertamos en Itamaraju, con las fuerzas justas para encontrar un hostal. Una mujer que vendía tazas y casi nos encasqueta una, despertó al hombre encargado de un hostal. Nos quedamos alli encerrados, porque el hombre cerro la puerta de la entrada, y no nos pareció bien despertarle, para salir y para entrar.
Fuimos a Itamaraju para dividir el viaje a Rio en dos partes, y dejarnos la opción de ir a ver las ballenas en el parque natural de Abrolhos, lo segundo nos dio un poco de pereza, ya que esperamos ver ballenas en la península de Valdés. Pasamos el día en Itamaraju haciendo turismo y nos metimos por la tarde en el bus dirección a Rio de Janeiro.
| En la parte de carga del camión que nos llevo de vuelta |
| Nacho comprando palomitas desde el bus, al loro, saladas, con chocolate, mantequilla, y coco, buagh |
Estamos hablando de vosotros q estoy en casa de uli con david el súper esquiador jejeje sabes quien te digo no?
ResponderEliminarBueno q a seguir postrando! Saludos chanos desde aquí.
hay que darle caña al blog, que la verdad hoy solo hemos subido fotos, pero desde que salimos de Maraú no hemos tenido mucho tiempo pues en Rio siempre hay cosas que hacer mucha gente en el albergue y mucho pateo y perderse :P mola :)
ResponderEliminarjoooo....yo quiero ir con vosotros....qué envidia me dais....
ResponderEliminarUnas fotos preciosas!!!
pasadlo muy bien!!
bss
esther.
Como no estoy segura de que miráis el correo, os mando esta información directa de Bolivia
ResponderEliminarLa persona que me atiende los fines de semana es de Cochabamba, me ofrece alojamiento a unos 7 km del centro de la ciudad. Y me comenta:
Cochabamba no tiene mucho que ver, pero es muy lindo ir a pasear; la gente protesta constantemente como lo hacen aquí los vascos, con cortes de carreteras y manifestaciones.
Potosí es la zona más turística, están las minas y son como los andaluces, incluso hablan como ellos y les cuesta moverse...
Santa Cruz es en la zona que más parques naturales tienen, y se parecen a los catalanes quieren separarse.
Un alojamiento en albergue puede costar cinco euros, y de lujo por 15 €, más barato cuanto más alejado del centro. La comida cuesta igual que en España, excepto la ternera que es más barata; los lácteos escasean en algún lugar.
Voy a contactar con una amiga de Argentina por si puede darme de alguna información.
Gracias Araceli por la información. Ayer hablamos con un chico, que se ha pasado unas semanas en bolivia y nos ha comentado que el dormía por 80 céntimos de euro. A ver que encontramos nosotros. Toda información nos es muy útil. El martes ya dejamos brasil y bajamos para las cataratas de Iguazu. De allí volveremos hacia el noroeste, paraguay y bolivia hasta perú.
ResponderEliminarRío es una ciudad estupenda, paisajes, gentes, playas...
Un beso
¡Me ha encantado la descripción de la Península de Maraú!, con ritmo y marcha, queda muy bien reflejada vuestra experiencia. Y también me ha hecho mucha gracia eso de "más felices que un regaliz", nunca lo había oído y es realmente descriptivo para vuestra generación. Seguir deleitándonos con vuestras palabras.
ResponderEliminarBesos, Araceli
Hola muchachos:
ResponderEliminarSi como decís, vais en dirección a Bolivia, atravesando Paraguay, os sugiero que toméis la carretera central del país (creo que es la 09), que pasa por Filadelfia. En esta ciudad y sus alrededores fue donde se establecieron y asentaron los Menonitas, descendientes de los Alemanes que rechazaron la Reforma Luterana. Siglos después se desplazaron a la península de Crimera, de donde fueron expulsados por los soviéticos y encontraron en el Chaco Paraguayo su tierra prometida a mediados del siglo pasado. Deben formar una cultura muy especial, algo similar a los Amish en USA.
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