26 septiembre 2011

Pan de azúcar (Rio de Janeiro)

Todavía nos queda un poquito para sincronizarnos como un matrimonio de verdad, dos tíos, una mochila, y cada un anda metiendo y sacando cosas. Es un poco descontrol, porque ninguno de los dos sabe nunca lo que está en la mochila, dónde está la cámara? Hey, llevas tu el dinero? La llave del albergue? Preguntas que repetimos una y otra vez, para las que sólo encontramos respuesta después de una larga búsqueda. Y muchas veces erramos.
- Hey, tienes el mechero?
- Espera que mire.
Rato mas tarde:
- No, no llevo el mechero.
- Pues a ver en la mochila...
Aún más tiempo después:
- Aquí tampoco está seguro que no lo tienes?
- Ahí va, pues sí, estaba en el bolsillo de la cámara, toma.
 Así con absolutamente todo...

Decididos a subir al Pan de Azucar.
Cogimos un taxi para ir al Pan de Azúcar, de cuyas vistas nos habían hablado maravillas. Pagamos el taxi, y nos pusimos a la cola para el teleférico. Genial, porque la cola era canija y no íbamos a tardar nada en subir. Ya en la ventanilla, cuando nos dijo que eran 105 reales y nos dispusimos a pagar, nos llevamos la sorpresa de que no llevábamos más dinero que con lo que pagamos el taxi, y nos habíamos dejado la tarjeta en el albergue. Ya subiremos otro año al Pan de Azúcar, porque sin teleférico y sin cuerdas de escalada es imposible subir.

Disfrutando de las vistas desde la ladera de Pan de Azucar.
Así que decidimos subir a la primera montaña, donde hace parada el teleférico y disfrutar desde allí de las vistas. El camino está recopado, un bosque frondoso y bien empinado. Llegamos hasta la pared vertical que sube al pico del Pan de Azúcar y subimos unos metros que estaban sencillos, pero más, imposible.
Las vistas desde aquí ya son impresionantes, y bastante distintas a las vistas desde el Cristo, ya que desde este, parecen una foto aérea y desde aquí se ven las montañas y las favelas que suben entre los cerros como si fueran ríos que descienden y se juntan en la mar de la ciudad. De regreso nos tomamos un par de mazorcas cocidas que te dejan todo entre los dientes y volvimos al hostal a por dinero. Al llegar nos encontramos con la chica brasileña que llegó de madrugada después de estar en el Rock in Rio y se había pasado la mañana roncando mientras las italianas y nosotros armábamos escándalo.
La pobre tenía hambre y ganas de dar una vueltecita, pero no se atrevía a ir sola, así que como caballeros que somos, nos fuimos con ella a cenar y a tomar unas cervecitas. Volvimos a nuestro lugar favorito de Rio, la escalera de Lapa y a ver un poco de samba con unas cervezas y caipirinhas.

Volvimos al hostal a pasar nuestra última noche, ya que la siguiente noche teníamos planeada pasarla de fiesta, "bailando" samba, para ir al aeropuerto a las 4 de la mañana y ponernos rumbo a Argentina, Cataratas de Iguazú.
Vistas desde el nuevo hostal.
Nos fumamos unos Hollywood en la terraza del hostal disfrutando de las vistas al cristo y a las favelas iluminadas, pasando un poco de fresquito!!! Vistas inolvidables, es una ciudad que hay que haber visto!!!

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