En mitad de la noche Chris murmuró algo en plan "que frío" y se giro en la cama cuando el somier tocó suelo. Nacho abrió un ojo para preguntar si podía ayudar, y sin esperar respuesta se volteó en la cama y siguió durmiendo. Sin cama en condiciones Chris tiro el colchón al suelo y siguió dormitando unas horas hasta que salió el sol y se tiró en la hamaca a escribir unas líneas para el blog que acabarían en el nirvana. Un lugar perfecto para escribir, sol, palmeras, la hamaca y una perra callejera de guardia. Acabada su tarea despertó a Nacho para desayunar, ya que quedamos pronto con Alejandro, un colombiano muy majete, que la noche anterior nos dio unas clases de guitarra. A la excursión se apunto nuestra compañera la perrita callejera, que a pesar de conocerse toda la zona como la palma de su mano, no nos hizo de guía. Bruno, un chaval del camping, nos hizo un mapa con 4 trazos, que se comprendía perfectamente, una carretera, dos ríos, una casa, unas bifurcaciones y un cruce sirvieron para orientarnos en la ruta de unos 12km, el tío un genio. Si hubiéramos tenido que hacer nosotros el plano, hubiéramos añadido el bosque de las termitas, la selva, el Gran Morro (una montaña en medio de la nada), el y barrizal de la muerte, pero como no hicimos el mapa, pues no aparecía en el mapa, pero os lo contamos.
Estábamos avanzando por el barrizal, cuando empezamos a escuchar un zumbido. Era súper coco? Un avión? No! Era el escuadrón de la muerte, compuesto de cientos, no, miles, no, millones de abejas. Nos dio tiempo a tirarnos al suelo a tiempo y camuflarnos con el barro. Aquí Steve las hubiera pasado canutas. La jornada no había apenas empezado y después de perdemos varias veces, empezamos a dudar que existiera ese "paraíso" llamado Aguas Claras.
Horas más tarde, bajo el sol abrasador, oímos al fin el murmullo de agua. Era una poza bonita, pero no pudo cumplir con nuestras expectativas. No miento, si digo que ambos hubiéramos cambiado al colega por la novia, porque era bien romántico. El agua había hecho un agujero con forma circular perfecta en la roca por la que caía. Había pececillos en el agua y algunos pajaritos. Fue verlo y tirarnos de cabeza. Después de que un pececillo le "mordisqueara" la uña del pie y saliera de agua como si hubiera visto al demonio, nos reímos un rato y les echamos los restos de la comida. La guayaba les volvía locos, iba todo el banco de peces, como pirañas, y no dejaban más que un poquito de piel. Ya saciados nosotros y los peces, la convivencia en el agua se hizo más llevadera, no hubo más mordiscos.
Pasamos el día allí disfrutando del sol y refrescandonos con un chapuzón cada poco y como no, jugando al ajedrez. Inspeccionando la zona y viendo otras pozas más abajo.
No nos atrevimos en ningún momento a vaciar la vejiga en el río, por miedo al pez ese que se mete en la picha.
Luego llegó una pareja de brasileños que iba a pasar allí la noche. Aquí aún siendo parque natural, esta permitido acampar y es que la gente está concienciadísima y no tiran NADA al monte. A ver si aprendemos...
Los brasileños enseguida se apuntaron con nosotros a charlar, gente muy simpática y abierta.
Aquí Nacho le dio de comer a un pajarito (foto)
Ya estaba anocheciendo, así que dejamos el arroyo y tiramos de vuelta por el barrizal de la muerte, Gran Morro, la selva y el bosque de termitas. Llegamos a la pista ya de noche y por suerte Nacho llevaba un frontal, Chris prefería ir solo bajo la luz de la luna, pero es cierto que la luna a esas horas todavía esta a demasiado baja para iluminar el camino. Sin frontal seguramente alguno se hubiera dejado el tobillo. La perrita, que al dejar el arroyo prefirió quedarse con los brasileños, nos dio alcance.
Cuando la luna al fin se asomó por encima de la montaña volvimos a disfrutar de ella con los prismáticos, Nacho estuvo a poco de convertirse en hombre lobo. Auuuuuuuu
Ya sólo nos quedaba la carretera principal para regresar a Capão, cuando de repente percibimos un olor a perfume. Muy agradable, no como en la sección de perfumería de cualquier drogaría, un olor perfecto. Al parecer hay una flor que desprende olor solo por la noche... Fuimos incapaces de encontrar el origen. Ya en la entrada de Capão nos encontramos con Maria, una chica española, que se fracturo un pie y decidió quedarse allí, de eso hace un año... Así es Capão, cautivador.
Antes de ir al camping pasamos por el pueblo para hacer unas compritas y luego nos encontramos a unos amigos en el bar, con los que compartimos unos bolinhos de queixo y unas cervezas.
Llegamos al camping cansados, así que cenamos rapidito y no estuvimos demasiado tiempo de charla con la guitarra. Después de todos los km y las horas de sol dormimos genial.
Estábamos avanzando por el barrizal, cuando empezamos a escuchar un zumbido. Era súper coco? Un avión? No! Era el escuadrón de la muerte, compuesto de cientos, no, miles, no, millones de abejas. Nos dio tiempo a tirarnos al suelo a tiempo y camuflarnos con el barro. Aquí Steve las hubiera pasado canutas. La jornada no había apenas empezado y después de perdemos varias veces, empezamos a dudar que existiera ese "paraíso" llamado Aguas Claras.
Horas más tarde, bajo el sol abrasador, oímos al fin el murmullo de agua. Era una poza bonita, pero no pudo cumplir con nuestras expectativas. No miento, si digo que ambos hubiéramos cambiado al colega por la novia, porque era bien romántico. El agua había hecho un agujero con forma circular perfecta en la roca por la que caía. Había pececillos en el agua y algunos pajaritos. Fue verlo y tirarnos de cabeza. Después de que un pececillo le "mordisqueara" la uña del pie y saliera de agua como si hubiera visto al demonio, nos reímos un rato y les echamos los restos de la comida. La guayaba les volvía locos, iba todo el banco de peces, como pirañas, y no dejaban más que un poquito de piel. Ya saciados nosotros y los peces, la convivencia en el agua se hizo más llevadera, no hubo más mordiscos.
Pasamos el día allí disfrutando del sol y refrescandonos con un chapuzón cada poco y como no, jugando al ajedrez. Inspeccionando la zona y viendo otras pozas más abajo.
No nos atrevimos en ningún momento a vaciar la vejiga en el río, por miedo al pez ese que se mete en la picha.
Luego llegó una pareja de brasileños que iba a pasar allí la noche. Aquí aún siendo parque natural, esta permitido acampar y es que la gente está concienciadísima y no tiran NADA al monte. A ver si aprendemos...
Los brasileños enseguida se apuntaron con nosotros a charlar, gente muy simpática y abierta.
Aquí Nacho le dio de comer a un pajarito (foto)
Ya estaba anocheciendo, así que dejamos el arroyo y tiramos de vuelta por el barrizal de la muerte, Gran Morro, la selva y el bosque de termitas. Llegamos a la pista ya de noche y por suerte Nacho llevaba un frontal, Chris prefería ir solo bajo la luz de la luna, pero es cierto que la luna a esas horas todavía esta a demasiado baja para iluminar el camino. Sin frontal seguramente alguno se hubiera dejado el tobillo. La perrita, que al dejar el arroyo prefirió quedarse con los brasileños, nos dio alcance.
Cuando la luna al fin se asomó por encima de la montaña volvimos a disfrutar de ella con los prismáticos, Nacho estuvo a poco de convertirse en hombre lobo. Auuuuuuuu
Ya sólo nos quedaba la carretera principal para regresar a Capão, cuando de repente percibimos un olor a perfume. Muy agradable, no como en la sección de perfumería de cualquier drogaría, un olor perfecto. Al parecer hay una flor que desprende olor solo por la noche... Fuimos incapaces de encontrar el origen. Ya en la entrada de Capão nos encontramos con Maria, una chica española, que se fracturo un pie y decidió quedarse allí, de eso hace un año... Así es Capão, cautivador.
Antes de ir al camping pasamos por el pueblo para hacer unas compritas y luego nos encontramos a unos amigos en el bar, con los que compartimos unos bolinhos de queixo y unas cervezas.
Llegamos al camping cansados, así que cenamos rapidito y no estuvimos demasiado tiempo de charla con la guitarra. Después de todos los km y las horas de sol dormimos genial.


Hola Viajeros
ResponderEliminarUn saludo desde Colombia! nada mal el reporte para ser la segunda versión. Y ¿cómo van los puntajes en el ajedréz?
Feliz viaje!!
Alejandro
Hoja Alejandro muy dura fue la vuelta a la rutina? Espero que no... En el ajedrez seguimos aprendiendo y nos pegaron unas buenas palizas en Río, creo que ahora podríamos competir con ellos.Espero que podamos jugar una partida aunque sea por internet
ResponderEliminarUn saluabrazodo desde salta argentina.